“…las ideas son a prueba de balas”
He cambiado de un tiempo para acá, tengo otras prioridades. Hace
un tiempo, mi situación económica podía ser todo, menos precaria; si bien nunca
fui inteligente en la organización de mi economía, tampoco la desperdicié toda,
quiero creer que la gasté en mi felicidad y la de los míos. Restaurantes, regalos materiales, bebidas, ¡tantos
wiskis y tantos vodkas!, los cuales extraño tanto, pequeños gadgets y libros, muchos libros; tal
era mi sueño en aquél tiempo: tener una
biblioteca grande, donde podía tener organizados mis libros todos, y
poder seleccionar cualquiera de ellos en cualquier momento, tener un sofá reclinable junto a la ventana,
con un escritorio para hacer mis investigaciones filosóficas-religiosas-políticas;
tarde me enteré que para todo eso no era necesario ni la biblioteca, ni el
espacio, ni la ventana, y ni siquiera los libros, muy tarde.
Otro de mis sueños seudo pequeño burgués era un espacio mío
para mis videojuegos y mi entretenimientos
del séptimo arte, y varios sueños como los referidos, todos bajo el mismo
tenor; una casa para hacer fiestas e invitar a mis amigos del futbol, una vida fácil
en general era mi sueño más recurrente; afortunadamente poco después conocí a
Ortega y Gasset, y comprendí muchas cosas que estaban a la vista.
En general, aunque algunos sueños permanecen, y otros se
desvanecen lenta y dramáticamente, otros surgen, y sé que podré con ellos,
estoy seguro, porque este año comprendí algo muy importante, que si bien es
algo por demás sencillo jamás pude diferenciar las cosas sencillas; este año
entendí, que hay algunas cosas que no se pueden cambiar, y hay muchas cosas que
sí, saberlas identificar es lo más importante y eso hace que la vida sea fácil.
Todo lo anterior
nunca lo oculté, no tenía porque, mis planes iban para esos destinos;
secreta y seguramente muy inconscientes,
tenía presente en mi mente, las aladas palabras del “inge”, sus consejos y sus
regaños. A veces pienso que no se ha ido, y que en cualquier momento me hablará
al móvil para contarme algún chisme o alguna broma mutua que tanto nos
hacíamos, o para citarnos el gym, o para burlarse por alguna tontería que hice.
Otras veces tengo el impulso de tomar el celular y marcarle, de preguntarle si
asistirá a jugar el domingo, de preguntarle si ha encontrado un trabajo bueno
para mí, o simplemente para saludarlo.
Creo que jamás he extrañado a nadie como lo he hecho con Juanma,
y aunque tengo mis dudas divino-religiosas, a veces deseo que existiera el
cielo, porque estaría seguro que él ahí estaría esperando. Sin embargo recobro
la postura, y me detengo a pensar, no importa si existe o no un paraíso, aunque
duela no importa que físicamente no esté hoy conmigo, porque estoy seguro que
siempre estará en la mente de los que lo recordamos, y mientras tenga algo de
fuerza no dejará de estar conmigo, el inge no se ha ido…
No hay comentarios:
Publicar un comentario