miércoles, 9 de octubre de 2013

Los cambios



“…las ideas son a prueba de balas”

He cambiado de un tiempo para acá, tengo otras prioridades. Hace un tiempo, mi situación económica podía ser todo, menos precaria; si bien nunca fui inteligente en la organización de mi economía, tampoco la desperdicié toda, quiero creer que la gasté en mi felicidad y la de los míos.  Restaurantes, regalos materiales, bebidas, ¡tantos wiskis y tantos vodkas!, los cuales extraño tanto,  pequeños gadgets y libros, muchos libros; tal era mi sueño en aquél tiempo: tener una  biblioteca grande, donde podía tener organizados mis libros todos, y poder seleccionar cualquiera de ellos en cualquier momento,  tener un sofá reclinable junto a la ventana, con un escritorio para hacer mis investigaciones filosóficas-religiosas-políticas; tarde me enteré que para todo eso no era necesario ni la biblioteca, ni el espacio, ni la ventana, y ni siquiera los libros, muy tarde.
Otro de mis sueños seudo pequeño burgués era un espacio mío para mis videojuegos  y mi entretenimientos del séptimo arte, y varios sueños como los referidos, todos bajo el mismo tenor; una casa para hacer fiestas e invitar a mis amigos del futbol, una vida fácil en general era mi sueño más recurrente; afortunadamente poco después conocí a Ortega y Gasset, y comprendí muchas cosas que estaban a la vista.
En general, aunque algunos sueños permanecen, y otros se desvanecen lenta y dramáticamente, otros surgen, y sé que podré con ellos, estoy seguro, porque este año comprendí algo muy importante, que si bien es algo por demás sencillo jamás pude diferenciar las cosas sencillas; este año entendí, que hay algunas cosas que no se pueden cambiar, y hay muchas cosas que sí, saberlas identificar es lo más importante y eso hace que la vida sea fácil.
Todo lo anterior  nunca lo oculté, no tenía porque, mis planes iban para esos destinos; secreta  y seguramente muy inconscientes, tenía presente en mi mente, las aladas palabras del “inge”, sus consejos y sus regaños. A veces pienso que no se ha ido, y que en cualquier momento me hablará al móvil para contarme algún chisme o alguna broma mutua que tanto nos hacíamos, o para citarnos el gym, o para burlarse por alguna tontería que hice. Otras veces tengo el impulso de tomar el celular y marcarle, de preguntarle si asistirá a jugar el domingo, de preguntarle si ha encontrado un trabajo bueno para mí, o simplemente para saludarlo.
Creo que jamás he extrañado a nadie como lo he hecho con Juanma, y aunque tengo mis dudas divino-religiosas, a veces deseo que existiera el cielo, porque estaría seguro que él ahí estaría esperando. Sin embargo recobro la postura, y me detengo a pensar, no importa si existe o no un paraíso, aunque duela no importa que físicamente no esté hoy conmigo, porque estoy seguro que siempre estará en la mente de los que lo recordamos, y mientras tenga algo de fuerza no dejará de estar conmigo, el inge no se ha ido…