viernes, 22 de marzo de 2013

El miedo a nosotros mismos



  
Muchas veces el pasado vuelve a nosotros, un pasado que muchas veces teníamos como olvidado. En algunas ocasiones llega como amigos que no se habían visto, recuerdos de sucesos basados en alguna experiencia  o simplemente las  repeticiones de errores o de victorias; todo esto en distintas medidas y proporciones. La historia inmediata e individual de cada uno de nosotros se encuentra por un extremo, la historia que tenemos en nuestros genes, en nuestras venas y que son y siempre serán parte de nosotros están en la parte media, y el pasado que nunca conocimos, esa historia que nos llega gracias a documentos, textos, platicas,  aprendizajes escolares están en el otro extremo.

Es por todo esto –pasado inmediato de nuestra experiencia, pasado propio como seres biológicos, y la historia que nos recuerdan y recuerdan y recuerdan- que tendemos a tener un doble sentir con respecto de la historia: le tememos y la añoramos.

Poco se menciona del pasado odiado o aborrecido, porque por muy horrible que pudo haber sido y aunque no quisiéramos que se repitiera le tememos más que odiarlo, y agradecemos el aprendizaje obtenido. Lo hemos visto sin ir muy lejos en la cultura popular, la música busca siempre renovarse, hacerse mejor, y sin pensarlo vuelven a viejos estilos, que luego rechazan cuando cobran conciencia por ser muy poco modernos. También lo vemos en las alteraciones moralistas cuando un pasado “oscuro” se repite, por ejemplo las manifestaciones culturales del nazismo, del comunismo, y todos los ismos. Hay mucho ejemplos, pero en general, si tuviéramos que definir que pesa más, sería fácil decir  que el miedo. El miedo al pasado pesa más de manera general e instintiva que el añoramiento, esto debe ser por un primitivo instinto de protección y supervivencia. Temer y evitar lo que ya pasó siempre es más favorable que la desear lo que ya pasó [porque a final de cuentas siempre se puede crear nuevas bonitas experiencias, pero no se quisieran las malas].

Esencialmente el miedo al pasado, -visto de manera cosmogónica- es el miedo a nosotros mismos, tememos ser indirectamente parte de algo “malo”, de un error, o de alguna aberración.

¿Qué es lo que tememos de nosotros? Pues que sencillamente somos capaces de repetir. Tan evidente es esto que frases como “quien no conoce el pasado está condenado a repetirlo” ha permeado en nuestras mentes. Pero no hemos aprendido  que el conocimiento del pasado, o el no conocimiento del mismo, no excluye para nada la posibilidad de regreso del lagarto primigenio que corre por nuestro ADN. No a gusto con esto, no solo tendemos que recordar lo que nos pasó en lo inmediato, como espinas clavadas, sino que además tenemos que recordar lo que nunca conocimos, y para esto nos bombardean, o nos bombardeamos  con clases de historia hasta el infinito. Por eso, de este modo el pasado siempre estará con nosotros, porque es parte de nosotros, y no satisfechos, profundizamos e intentamos con todos los medios no olvidarlo.

Otra cuestión aquí es evidente, el miedo al pasado no solo es miedo a nosotros mismos, sino a que no se concuerde con las circunstancias morales en este momento y en este determinado lugar. Si nadie nos lo impidiera ¿Por qué deberíamos temer que en algún momento fuimos poderosos y soberbios? ¿por qué temer que fuimos malos pero felices en esa maldad? Porque visto a la luz de hoy y de aquí no conviene ser malos y ser felices en la maldad. Los valores cambian constantemente, el poder y la violencia siempre estarán alejados de la moral grupal que contenga débiles, y si la moral siempre cambia y se pretende jamás valorar a la violencia y al poder es porque nuestras sociedades están formadas por débiles; débiles en sentido moral, no  físico. En el fondo lo sabemos y por ello queremos evitar el dominio, el control y gobierno con fuerza. Irónicamente.

Por otro lado, el miedo inherente, que como ya dijimos también lleva una pizca de “añoramiento”, se encauza en otro miedo aún peor: el miedo a repetir el pasado en el futuro; miedo al futuro.

El miedo al futuro se ve claramente cuando nos impedimos a nosotros mismos la innovación, cuando evitamos la investigación en tecnologías no acordes a las corrientes morales, cuando no soñamos, cuando conscientemente no idealizamos y cuando somos mediocres. Nos detenemos ante la incertidumbre y muchas veces nos detenemos de hacer algo que podría beneficiarnos solo  porque conlleva una pizca de riesgo.

En  esta fobia de igual manera hay un añoramiento o deseo, es más común que el miedo y las más de la veces logramos vencer el miedo del pasado/futuro.   No pierde por esto importancia, el miedo muy comúnmente ha detenido el progreso de las tecnologías, en las sociedades y del hombre en general, pero no ha sido siempre, las más de las veces ha ganado el instinto innovador y hemos llegado a lo que es hoy. Qué gran progreso!

Así, llegamos a una simple conclusión, de manera general tememos el pasado con todos los errores y “barbaridades” que se cometieron; pero estamos orgullosos de lo logrado,  y aunque no concuerden con las visiones morales actuales, no queremos repetirlo, pero sí queremos tenerlo muy presente, por ello  vence el miedo; y a la vez tememos lo que podría ser, el futuro,  comúnmente vencemos al miedo.

El hombre se acompleja muchísimo más que cualquier otro ser y se dice el mejor de los animales, pero teme su pasado y teme su futuro, y por ello se ve impedido en disfrutar su presente. Vivimos con miedo.



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