miércoles, 9 de octubre de 2013

Los cambios



“…las ideas son a prueba de balas”

He cambiado de un tiempo para acá, tengo otras prioridades. Hace un tiempo, mi situación económica podía ser todo, menos precaria; si bien nunca fui inteligente en la organización de mi economía, tampoco la desperdicié toda, quiero creer que la gasté en mi felicidad y la de los míos.  Restaurantes, regalos materiales, bebidas, ¡tantos wiskis y tantos vodkas!, los cuales extraño tanto,  pequeños gadgets y libros, muchos libros; tal era mi sueño en aquél tiempo: tener una  biblioteca grande, donde podía tener organizados mis libros todos, y poder seleccionar cualquiera de ellos en cualquier momento,  tener un sofá reclinable junto a la ventana, con un escritorio para hacer mis investigaciones filosóficas-religiosas-políticas; tarde me enteré que para todo eso no era necesario ni la biblioteca, ni el espacio, ni la ventana, y ni siquiera los libros, muy tarde.
Otro de mis sueños seudo pequeño burgués era un espacio mío para mis videojuegos  y mi entretenimientos del séptimo arte, y varios sueños como los referidos, todos bajo el mismo tenor; una casa para hacer fiestas e invitar a mis amigos del futbol, una vida fácil en general era mi sueño más recurrente; afortunadamente poco después conocí a Ortega y Gasset, y comprendí muchas cosas que estaban a la vista.
En general, aunque algunos sueños permanecen, y otros se desvanecen lenta y dramáticamente, otros surgen, y sé que podré con ellos, estoy seguro, porque este año comprendí algo muy importante, que si bien es algo por demás sencillo jamás pude diferenciar las cosas sencillas; este año entendí, que hay algunas cosas que no se pueden cambiar, y hay muchas cosas que sí, saberlas identificar es lo más importante y eso hace que la vida sea fácil.
Todo lo anterior  nunca lo oculté, no tenía porque, mis planes iban para esos destinos; secreta  y seguramente muy inconscientes, tenía presente en mi mente, las aladas palabras del “inge”, sus consejos y sus regaños. A veces pienso que no se ha ido, y que en cualquier momento me hablará al móvil para contarme algún chisme o alguna broma mutua que tanto nos hacíamos, o para citarnos el gym, o para burlarse por alguna tontería que hice. Otras veces tengo el impulso de tomar el celular y marcarle, de preguntarle si asistirá a jugar el domingo, de preguntarle si ha encontrado un trabajo bueno para mí, o simplemente para saludarlo.
Creo que jamás he extrañado a nadie como lo he hecho con Juanma, y aunque tengo mis dudas divino-religiosas, a veces deseo que existiera el cielo, porque estaría seguro que él ahí estaría esperando. Sin embargo recobro la postura, y me detengo a pensar, no importa si existe o no un paraíso, aunque duela no importa que físicamente no esté hoy conmigo, porque estoy seguro que siempre estará en la mente de los que lo recordamos, y mientras tenga algo de fuerza no dejará de estar conmigo, el inge no se ha ido…

viernes, 22 de marzo de 2013

El miedo a nosotros mismos



  
Muchas veces el pasado vuelve a nosotros, un pasado que muchas veces teníamos como olvidado. En algunas ocasiones llega como amigos que no se habían visto, recuerdos de sucesos basados en alguna experiencia  o simplemente las  repeticiones de errores o de victorias; todo esto en distintas medidas y proporciones. La historia inmediata e individual de cada uno de nosotros se encuentra por un extremo, la historia que tenemos en nuestros genes, en nuestras venas y que son y siempre serán parte de nosotros están en la parte media, y el pasado que nunca conocimos, esa historia que nos llega gracias a documentos, textos, platicas,  aprendizajes escolares están en el otro extremo.

Es por todo esto –pasado inmediato de nuestra experiencia, pasado propio como seres biológicos, y la historia que nos recuerdan y recuerdan y recuerdan- que tendemos a tener un doble sentir con respecto de la historia: le tememos y la añoramos.

Poco se menciona del pasado odiado o aborrecido, porque por muy horrible que pudo haber sido y aunque no quisiéramos que se repitiera le tememos más que odiarlo, y agradecemos el aprendizaje obtenido. Lo hemos visto sin ir muy lejos en la cultura popular, la música busca siempre renovarse, hacerse mejor, y sin pensarlo vuelven a viejos estilos, que luego rechazan cuando cobran conciencia por ser muy poco modernos. También lo vemos en las alteraciones moralistas cuando un pasado “oscuro” se repite, por ejemplo las manifestaciones culturales del nazismo, del comunismo, y todos los ismos. Hay mucho ejemplos, pero en general, si tuviéramos que definir que pesa más, sería fácil decir  que el miedo. El miedo al pasado pesa más de manera general e instintiva que el añoramiento, esto debe ser por un primitivo instinto de protección y supervivencia. Temer y evitar lo que ya pasó siempre es más favorable que la desear lo que ya pasó [porque a final de cuentas siempre se puede crear nuevas bonitas experiencias, pero no se quisieran las malas].

Esencialmente el miedo al pasado, -visto de manera cosmogónica- es el miedo a nosotros mismos, tememos ser indirectamente parte de algo “malo”, de un error, o de alguna aberración.

¿Qué es lo que tememos de nosotros? Pues que sencillamente somos capaces de repetir. Tan evidente es esto que frases como “quien no conoce el pasado está condenado a repetirlo” ha permeado en nuestras mentes. Pero no hemos aprendido  que el conocimiento del pasado, o el no conocimiento del mismo, no excluye para nada la posibilidad de regreso del lagarto primigenio que corre por nuestro ADN. No a gusto con esto, no solo tendemos que recordar lo que nos pasó en lo inmediato, como espinas clavadas, sino que además tenemos que recordar lo que nunca conocimos, y para esto nos bombardean, o nos bombardeamos  con clases de historia hasta el infinito. Por eso, de este modo el pasado siempre estará con nosotros, porque es parte de nosotros, y no satisfechos, profundizamos e intentamos con todos los medios no olvidarlo.

Otra cuestión aquí es evidente, el miedo al pasado no solo es miedo a nosotros mismos, sino a que no se concuerde con las circunstancias morales en este momento y en este determinado lugar. Si nadie nos lo impidiera ¿Por qué deberíamos temer que en algún momento fuimos poderosos y soberbios? ¿por qué temer que fuimos malos pero felices en esa maldad? Porque visto a la luz de hoy y de aquí no conviene ser malos y ser felices en la maldad. Los valores cambian constantemente, el poder y la violencia siempre estarán alejados de la moral grupal que contenga débiles, y si la moral siempre cambia y se pretende jamás valorar a la violencia y al poder es porque nuestras sociedades están formadas por débiles; débiles en sentido moral, no  físico. En el fondo lo sabemos y por ello queremos evitar el dominio, el control y gobierno con fuerza. Irónicamente.

Por otro lado, el miedo inherente, que como ya dijimos también lleva una pizca de “añoramiento”, se encauza en otro miedo aún peor: el miedo a repetir el pasado en el futuro; miedo al futuro.

El miedo al futuro se ve claramente cuando nos impedimos a nosotros mismos la innovación, cuando evitamos la investigación en tecnologías no acordes a las corrientes morales, cuando no soñamos, cuando conscientemente no idealizamos y cuando somos mediocres. Nos detenemos ante la incertidumbre y muchas veces nos detenemos de hacer algo que podría beneficiarnos solo  porque conlleva una pizca de riesgo.

En  esta fobia de igual manera hay un añoramiento o deseo, es más común que el miedo y las más de la veces logramos vencer el miedo del pasado/futuro.   No pierde por esto importancia, el miedo muy comúnmente ha detenido el progreso de las tecnologías, en las sociedades y del hombre en general, pero no ha sido siempre, las más de las veces ha ganado el instinto innovador y hemos llegado a lo que es hoy. Qué gran progreso!

Así, llegamos a una simple conclusión, de manera general tememos el pasado con todos los errores y “barbaridades” que se cometieron; pero estamos orgullosos de lo logrado,  y aunque no concuerden con las visiones morales actuales, no queremos repetirlo, pero sí queremos tenerlo muy presente, por ello  vence el miedo; y a la vez tememos lo que podría ser, el futuro,  comúnmente vencemos al miedo.

El hombre se acompleja muchísimo más que cualquier otro ser y se dice el mejor de los animales, pero teme su pasado y teme su futuro, y por ello se ve impedido en disfrutar su presente. Vivimos con miedo.



martes, 5 de marzo de 2013

El Concierto Barroco




El Concierto Barroco es una deliciosa historia de 1709 entrelazada con los tiempos modernos, narrada de una manera compleja, por momentos forzada pero con un estilo muy barroco, haciendo referencia al titulo.

Para el marketing solo hace falta vislumbrar el contexto: Vivaldi, Haendel, Scarlatti, un mexicano (muy mexicano por cierto) y un esclavo negro comprado en Cuba (que por cierto es un excelente trompetista) se encuentran protagonizando esta historia en la Venecia de los carnavales, de las fiestas, la parrandas continuas y noches eternas, de convites y juergas propias de los italianos, donde se encuentran no solo italianos sino además europeos de la más fina ralea, y la no tan fina; en esa trama, y en medio del carnaval el mexicano vestido de Moctezuma para estar  ad hoc se topa con un fraile borrachísimo que terminaría siendo Vivaldi mismo  a quien le cuenta y enamora la historia de la conquista de México, y que considera digno de una ópera [cabe destacar que como lo describía el mexicano y como se encontraba el fraile, bueno, los dos, que el fraile solo imaginaba una historia de gigantes insectos  de bonitos colores]. Desembocando rápidamente en un grande final.

Se describe de esta manera,  el origen de la creación del “Moctezuma” de Vivaldi, que luego influiría a muchos otros  europeos, “pre-modernos” cansados de lo europeo y del europeo mismo. Todo esto con el estilo fantástico y muy latino del prolífico y espectacular cubano por excelencia, Alejo Carpentier [hablando de literatura, (y sin menoscabar  al más que famoso Martí)].

 Así pues, una muy buena opción si se cuenta con 1 o 2  horas libres y si tiene la intención de leer algo que no se encuentra todos los días.


miércoles, 2 de enero de 2013

Reflexiones de un nicaragüense

Hay un apregunta que inquieta a muchas personas, que les mueve el piso, que de pronto los regresa de su auto infundido estado de embrutecimeinto, la pregunta es tan sencilla que uno pensaría que las personas sencillas podrían tenerla por facil de responder, pero sufren mucho con ella: ¿por qué?

Cuando he recibido noticias definitivas, anuncios que no pueden cambiarse, o deciciosnes que no depende de mí, trato de hacer la mentada pregunta driectamente a la persona responsable de mi suerte.
Al parecer, sienten que con la respuesta solicitada estuviera también solicitada una justificación de su propia existencia, les digo: "estoy de acuerdo, haré completo caso a lo que me indicas, pero ¿por qué?, ¿por qué es así como me lo ordenas?"

Para esponder una pregunta como esa, la persona que está detras de la respuesta debe tener claro el "que", y muchas de las veces  actuan mecanicamente, en el campo laboral, informativo, familiar, o en la vida en general. Entonces cuando le preguntas el "por qué", no saben bien lo que hacen, no tienen una nocion sencilla de un concepto de lo que hacen; supongo que por ello no saben responder a la pregunta del "por qué". Usualmente saben el "como", y el "donde", pero no el "que" ni el "por qué".

Sin embargo, ya me desvié demasiado de lo que quería hacer, y era prsentar un cuento-carta de Ruben Darío, donde sorpendenetemente critica a los que en otros cuentos parece favorecer, a la clase alta, a los oligarquicos, a los que no son pueblo, escondido en el nombre de Juan Lanas, nos ofrece una serie de reflexiones sobre el devenir del mundo, el futuro ante estas refloexiones parece igualmente cercano actualmente, como  al mometo en que Darío las realizó hace tantos años.

Si bien Darío nunca alabó a la clae alta o criticó al pueblo, si le fascinó siempre las formas mas hermosas y elegenates que de ningun amanera se podían encontrar en los menos afortunados. Me parece que Darío quería con esto nivelar un poco,  su tendencia politica sin alejarse demasiado de su idea estetica.

"Habrá que cantar una nueva marsellesa que como los clarines de Jericó destruya la morada delos infantes. El incendio alumbrará las ruinas. El cuchillo popular cortará cuellos y vientres odiados; las mujeres del populacho arrancarán a puños los cabellos rubios de las vírgenes orgullosas; la pata del hombre descalzo manchará la alfombra del opulento; se romperán las estatuas de los bandidos que oprimieron a los humildes; y el cielo verá con temerosa alegría, entre el estruendo de la catástrofe redentora, el castigo de los altivos malhechores, la venganza suprema y terrible de la miseria borracha! – ¿Pero quién eres tú? ¿Por qué gritas así? –Yo me llamo Juan Lanas y no tengo un centavo."


Texto integro.

¿POR QUÉ? 
–¡Oh señor, el mundo anda muy mal. La sociedad se desquicia. El siglo que viene verá la mayor de las revoluciones que han ensangrentado la tierra. ¿El pez grande se come al chico? Sea; pero pronto tendremos el desquite. El pauperismo reina, y el trabajador lleva sobre sus hombros el desquite. El pauperismo reina, y el trabajador lleva sobre sus hombros la montaña de una maldición. Nada vale ya sino el oro miserable. La gente desheredada es el rebaño eterno para el eterno matadero. ¿No ve usted tanto ricachón con la camisa como si fuese de porcelana, y tanta señorita estirada envuelta en seda y encaje? Entre tanto las hijas de los pobres desde los catorce años tienen que ser prostitutas. Son del primero que las compra. Los bandidos están posesionados de los bancos y de los almacenes. Los talleres son el martirio de la honradez: no se pagan sino los salarios que se les antoja a los magnates, y mientras el infeliz logra comer su pan duro, en los palacios y casas ricas los dichosos se atracan de trufas y faisanes. Cada carruaje que pasa por las calles va apretando bajo sus ruedas el corazón del pobre. Esos señoritos que parecen grullas, esos rentistas cacoquimios y esos cosecheros ventrudos son los ruines martirizadores. Hempre venal y corrompida, no canta sino el invariable salmo del oro. Los escritores son los violines que tocan los grandes potentados. Al pueblo no se le hace caso. Y el pueblo está enfangado y pudriéndose por culpa de los de arriba: en el hombre el crimen y el alcoholismo; en la mujer, así la madre, así la hija y así la manta que las cobija. ¡Con que calcule usted! El centavo que se logra, ¿para qué debe ser sino para el aguardiente? Los patrones son ásperos con los que les sirven. Los patrones, en la ciudad y en el campo, son tiranos. Aquí le aprietan a uno el cuello; en el campo insultan al jornalero, le escatiman el jornal, le dan a comer lodo y por remate le violan a sus hijas. Todo anda de esta manera. Yo no sé cómo no ha reventado ya la mina que amenaza al mundo, porque ya debía haber reventado. En todas partes arde la misma fiebre. El espíritu delas clases bajas se encarnará en un implacable y futuro vengador. La onda de abajo derrocará la masa de arriba. La Commune, la Internacional, el nihilismo, eso es poco; ¡falta la enorme y vencedora coalición! Todas las tiranías se vendrán al suelo: la tiranía política, la tiranía económica, la tiranía religiosa. Porque el cura es también aliado de los verdugos del pueblo. El canta su tedeum y reza su paternoster, más por el millonario que por el desgraciado. Pero los anuncios del cataclismo están ya a la vista de la humanidad y la humanidad no los ve; lo que verá bien será el espanto y el horror del día de la ira. No habrá fuerza que pueda contener el torrente de la fatal venganza. Habrá que cantar una nueva marsellesa que como los clarines de Jericó destruya la morada delos infantes. El incendio alumbrará las ruinas. El cuchillo popular cortará cuellos y vientres odiados; las mujeres del populacho arrancarán a puños los cabellos rubios de las vírgenes orgullosas; la pata del hombre descalzo manchará la alfombra del opulento; se romperán las estatuas de los bandidos que oprimieron a los humildes; y el cielo verá con temerosa alegría, entre el estruendo de la catástrofe redentora, el castigo de los altivos malhechores, la venganza suprema y terrible de la miseria borracha! – ¿Pero quién eres tú? ¿Por qué gritas así? –Yo me llamo Juan Lanas y no tengo un centavo.

Apareció en el Heraldo de Costa Rica, San José, 17 de Marzo de 1892.

miércoles, 26 de diciembre de 2012

Concluciones y aprendizajes 2012



 

 

Básica y esencialmente somos animales con necesidades muy animales.

Siempre escuché de esto, pero este año fue para mí más que evidente, no podemos olvidarnos, no podemos dejar de ser lo que somos. Con una mirada aguda y atenta a la vida, esto es evidente, somos monos desnudos, con laptops y celulares.
Nos encontramos atados a nuestros instintos, somos y no somos seres modernos, civilizados. Como herederos de un pasado salvaje, el mono primigenio lucha contra él mismo por aflorar, por surgir, y su único altruista/ególatra propósito es develarse. Sin embargo y a pesar de su insistencia, lleva las de perder, pues nuestra contraparte “moderna” crea instrumentos que limitan el resurgimiento, crea sucedáneos artificiales, que hieren y desgarran nuestro pasado.
La dicotomía no es para nada nueva, no develo y ni descubro el hilo negro: acercarnos a lo natural, explorarnos hacia adentro, y, por otro lado progresar hacia afuera, mejorar nuestras condiciones de vida, hacernos más cómoda la existencia, ser más modernos, es esa la aparente cuestión.
El corroborar para mí mismo que seguimos siendo animales, que nos movemos en sociedades que no carecen de costumbres y ritos animales, salvajes, me hace pensar que debemos prestar atención a esas necesidades que se generan; debemos redefinirnos como seres con un pasado salvaje, pasado que recorre nuestra sangre, nuestro ADN, nuestro espíritu no ha podido olvidarlo por completo, entender esto es la base para empezar a buscar la autosatisfacción. Dicho de otro modo, aun con artefactos y tecnologías muy modernas, seguimos siendo animales, con necesidades muy animales.



El génesis de los peores males es la moral ajena.

La moral es la manera más absurda de demostrarnos que no estamos felices.  Muchos otros han explorado y examinado estas cuestiones y nadie llega a una conclusión definitiva, ¿Somos malos por naturaleza? Si fuera así la moral tendría sentido, nos limitaría para evitar alejarnos lo que es “malo”. En este contexto, los valores morales deberían enseñarse desde el inicio en las escuelas, y durante toda la vida, los gobiernos al hacer juicios de valor sobre la moral, se verían [moralmente hablando] obligados a hacer juicios de valor en todos los aspectos de la vida del educando. Pero no es así, se inculcan valores religiosos sin predicar con ejemplos, si reforzarnos, “ese trabajo es la Iglesia”.
Hoy en día se evitan las malas acciones más por miedo al castigo divino que al castigo civil, real, terrenal, pero no es la moral que se practica en estratos altos de poder, no permean esos valores religiosos entre los que no son religiosos, [a veces ni entre los religiosos]. ¿Qué hacer con esta doble moral? ¿En quién nos apoyamos? Porque siendo muy sinceros debemos reconocer la ineficacia de los valores cristianos.

En nuestro pasado, como criaturas salvajes y sometidas a instintos y a fuerzas interiores,  a intuiciones, y a “sentido común” fuimos completos, felices. En nuestro presente, alejados de nosotros mismos buscamos en el exterior, lo que ya teníamos: la plenitud. El desarrollo de la sociedad trajo con ella progreso, y con ello, necesidades; y para justificarse así mismo creó aquello que en última instancia es la causa de los “males” más absurdos: la moral. Y luego comenzamos a respetar, casi sin darnos cuenta una moral ajena a nosotros, nos olvidamos de ser sinceros y auténticos con nosotros mismos.
  



Este año entendí, que si bien abandonarnos a los instintos sin medir consecuencias resultaría ridículo, tenemos como tarea para nosotros mismos desarrollar nuestra introspección, buscar respuestas en nosotros mismos, expandir los límites morales, buscar un desarrollo, o mejor dicho un progreso del espíritu, de nosotros mismos. Pensar primero en nosotros mismos para luego pensar en los otros, entender que directa o indirectamente somos parte de un todo, y aunque no somos ni seremos jamás iguales, sí estamos en el mismo “barco”.









Es mejor una enemistad sincera, a una amistad hipócrita.

Este aprendizaje lo obtuve en años pasados, pero hasta ahora cobró sentido.
Sé que la sinceridad es dura, duele como un camino de rocas, pero fortalece el desenlace de cualquier empresa, de cualquier proyecto.  Reconocer o aclarar un error, un defecto, o un posible futuro problema es la mejor manera de empezar cualquier cosa. Es mejor que duela antes, y no durante el camino, o al final de él. Las decepciones siempre estarán con nosotros, serán naturales, pero no por ello debemos fomentarlas. Debemos ser sinceros y claros en todo lo que hagamos.


El secreto de la felicidad es la actitud.


La vida pone muchos retos, muchas dificultades, quien mejor pone cara a ellos suele tener mejor resultados.
Este año tuvimos decepciones, y lo peor, el futuro no depara nada positivo,  el destino parece estar marcando gran parte del desarrollo de nuestras vidas, sin embargo, sé que, por experiencia propia y ajena,  la mejor actitud “aliviana” el peso de lo que no se puede controlar. Hay que hacer lo mejor que se puede con lo que se tiene, y poner el mejor de los rostros a  las adversidades, sacar lo positivo de cada situación, buscar alternativas y nunca, pero nunca olvidar enseñar los dientes.
Quien pueda  lidiar mejor con las decepciones de  la vida, con lo que no puede controlar, está más cerca de le felicidad.

En los deportes se conoce a las personas.


Aunque esto estuvo durante años a mi vista, nunca le puse la atención merecida.
Cuando ves a una persona practicando un deporte, echándole todas las ganas, esforzándose por el equipo, por él, por el deporte, por quien sabe qué cosa secreta, descubres su actitud ante la vida. Es bien fácil imaginar, por ejemplo en el futbol, a una persona que pelea por un balón casi perdido, como trabajará y como se desarrollará en situaciones difíciles. Como se comunica con sus compañeros, y como se esfuerza por animar a sus compañeros. El respeto que muestra a sus contrincantes habla del respeto que tiene ante la vida, y el respeto que en última instancia se tiene a sí mismo.
La recepción de críticas es otra cosa que me llama la atención en los deportistas, sobre todo con los que he compartido; no todos aceptan comentarios o críticas, ellos, tienen asuntos pendientes de resolver, sus corazones no están en paz ni armonía. Son ellos quien más necesitan de ayuda y de consejos, de amistad, pues usualmente quien menos pide ayuda, es quien más la merece.

La actitud con los perros manifiesta la actitud con las mujeres.


[Esta reflexión me la hicieron llegar, y no puedo más que hacer notar que es brillante].

A menudo, se ve hombres grandes y fuertes, acariciando cariñosamente a un perro pequeño, o grande, haciéndole esos ruidos que a algunos nos parecen ofensivos y nocivos.  En ocasiones la persona domina de manera tajante al perro, [o al gato] demuestra así su actitud ante la vida, y ante la mujer. No por ello se compara axiológicamente a la mujer con un animal doméstico [sin ofender, bueno, ofendiendo], pero algunas de las actitudes con un ser complemente opuesto pueden ser muy semejantes. Además este ejercicio, también lo pueden ver en las mujeres y su relación con los hombres, (o cualquier cosa que estén tratando de dominar) si bien, no es exacto en este modo, pues la comparación tiene que ver con  el dominio, y sabemos de la dificultad, para algunos, de dominar a las mujeres.  También vemos en las calles a hombres, aparentemente rudos “dominados” por algún pequeño chihuahua.


Si una creencia espiritual es autentica, merece respeto.


Este año vi a una persona “caminar” o  acercarse de rodillas a la Basílica de Guadalupe, con el suelo empedrado de una manera que dificulta el hacerlo de rodillas [ no sé porque no cambian ese piso si saben que cientos de persona realizan el ejercicio]. Esta persona lo hacía elevando oraciones y peticiones sobre la salud de su hija, que llevaba en los brazos.
He visto a personas ser ofendidas en sus creencias, y no molestarse,  ni criticar a las otras creencias, ni por ser criticados sufrir.

Cuando alguien en realidad cree tener la verdad en su poder, y si no afecta a nadie, más que a él mismo, no veo porque merece alguna crítica o porque sea causa de molestia. Convencerle de que está equivocado es obligación moral, pero no obligación legal [los amorales como yo, solo debemos ignorarlos]
Sin embargo, si la creencia no es auténtica, si es solo superficial, por apariencia, merece critica, y es obligación moral criticarle, no es obligación legal [los amorales como yo, solo debemos burlarnos].

Por otro lado como al principio de conocer a una persona, no sabemos si su creencia es real, autentica,  como no sabemos si lo hace por moda, es nuestro deber criticarlo y burlarnos hasta que demuestre que su creencia es real [juzgo suficiente unos 10 días  de carro moderado, máximo]

Rara vez conocemos a una persona si no nos conocemos nosotros.


El convivir socialmente involucra muchos y complejos esfuerzos, que dependen todos de respetar y tolerar al “otro”, conocerlo es derivación inmediata de esto; pero jamás pondremos atención al “otro”, si no nos conocemos, hay que hacer introspección, y tratar de aclararnos lo que creemos ser, y lo que queremos ser.

Al final, tendremos lo que merecemos


Nuestra actitud, acción, apatía, o inacción nos develará aquello que debemos tener. Si no es como individuos, lo es como sociedad, como ciudad, como país, si en algo todos no estamos de acuerdo, pero lo permitimos, no debemos quejarnos, moralmente no podemos, [ni los amorales pueden].

La indignación no existe hasta que nos afecta. No estamos listos para pedir justicia, pues no somos justos.


Este año descubrí muchas cosas en los ámbitos políticos, probablemente más que en otros años. Descubrí horrores, corrupciones, historias dantescas, narraciones terroríficas de la mexicanidad.
Nuestro querido país, no está listo para la justicia, para la felicidad, en parte por nosotros mismos, en parte por cómo nos han “creado”. Yo abogo siempre a una conciencia colectiva última y perméante, solida, esa conciencia en la que yo siempre confié me ha decepcionado, es la peor decepción que tuve este año. El sentido común que creí que teníamos, que habíamos desarrollado, no existe. Si tan solo fuéramos mas animales y menos mexicanos esto hubiera tenido un final feliz,  pero no es así. Las causas pueden ser muchas, tenemos muchas herramientas y aparatos de control,  que nos afectan, religión, espectáculos, futbol, música, famosos, muertos de élite, hambre, pobreza, necesidades, desinformación o  información digerida, valores ajenos, moral fragmentada.  Es y no es nuestra culpa, no estamos listos para la justicia. Como Nietzsche dijo alguna vez sobre los alemanes, “odio profundamente a los mexicanos, pero  estoy orgulloso de ser uno de ellos” he ahí mi secreta parte del pecado.






El Chicharito no es tan malo.



La gente quiere trascender a sus vidas simplonas.


No todos los artistas valoran su arte.


No soy anti-social, soy anti-estupidez.


La gente reacciona mejor a los mensajes con dibujitos y colores bonitos.

 

Importa más una muerta famosa e intrascendente que miles de mujeres en Ciudad Juárez, una muerte es noticia, miles son estadística.


Se puede hacer filosofía sin libros.