Básica y esencialmente somos animales con necesidades muy animales.
Siempre escuché de esto, pero este año fue para mí más que
evidente, no podemos olvidarnos, no podemos dejar de ser lo que somos. Con una
mirada aguda y atenta a la vida, esto es evidente, somos monos desnudos, con
laptops y celulares.
Nos encontramos atados a nuestros instintos, somos y no
somos seres modernos, civilizados. Como herederos de un pasado salvaje, el mono
primigenio lucha contra él mismo por aflorar, por surgir, y su único altruista/ególatra
propósito es develarse. Sin embargo y a pesar de su insistencia, lleva las de
perder, pues nuestra contraparte “moderna” crea instrumentos que limitan el
resurgimiento, crea sucedáneos artificiales, que hieren y desgarran nuestro
pasado.
La dicotomía no es para nada nueva, no develo y ni descubro
el hilo negro: acercarnos a lo natural, explorarnos hacia adentro, y, por otro
lado progresar hacia afuera, mejorar nuestras condiciones de vida, hacernos más
cómoda la existencia, ser más modernos, es esa la aparente cuestión.
El corroborar para mí mismo que seguimos siendo animales,
que nos movemos en sociedades que no carecen de costumbres y ritos animales, salvajes,
me hace pensar que debemos prestar atención a esas necesidades que se generan;
debemos redefinirnos como seres con un pasado salvaje, pasado que recorre
nuestra sangre, nuestro ADN, nuestro espíritu no ha podido olvidarlo por
completo, entender esto es la base para empezar a buscar la autosatisfacción.
Dicho de otro modo, aun con artefactos y tecnologías muy modernas, seguimos
siendo animales, con necesidades muy animales.
El génesis de los peores males es la moral ajena.
La moral es la manera más absurda de demostrarnos que no
estamos felices. Muchos otros han explorado
y examinado estas cuestiones y nadie llega a una conclusión definitiva, ¿Somos malos
por naturaleza? Si fuera así la moral tendría sentido, nos limitaría para
evitar alejarnos lo que es “malo”. En este contexto, los valores morales
deberían enseñarse desde el inicio en las escuelas, y durante toda la vida, los
gobiernos al hacer juicios de valor sobre la moral, se verían [moralmente
hablando] obligados a hacer juicios de valor en todos los aspectos de la vida
del educando. Pero no es así, se inculcan valores religiosos sin predicar con
ejemplos, si reforzarnos, “ese trabajo es la Iglesia”.
Hoy en día se evitan las malas acciones más por miedo al
castigo divino que al castigo civil, real, terrenal, pero no es la moral que se
practica en estratos altos de poder, no permean esos valores religiosos entre
los que no son religiosos, [a veces ni entre los religiosos]. ¿Qué hacer con
esta doble moral? ¿En quién nos apoyamos? Porque siendo muy sinceros debemos
reconocer la ineficacia de los valores cristianos.
En nuestro pasado, como criaturas salvajes y sometidas a instintos
y a fuerzas interiores, a intuiciones, y
a “sentido común” fuimos completos, felices. En nuestro presente, alejados de
nosotros mismos buscamos en el exterior, lo que ya teníamos: la plenitud. El desarrollo
de la sociedad trajo con ella progreso, y con ello, necesidades; y para
justificarse así mismo creó aquello que en última instancia es la causa de los “males”
más absurdos: la moral. Y luego
comenzamos a respetar, casi sin darnos cuenta una moral ajena a nosotros, nos
olvidamos de ser sinceros y auténticos con nosotros mismos.
Este año entendí, que si bien abandonarnos a los instintos
sin medir consecuencias resultaría ridículo, tenemos como tarea para nosotros mismos desarrollar nuestra introspección,
buscar respuestas en nosotros mismos, expandir los límites morales, buscar un
desarrollo, o mejor dicho un progreso del espíritu, de nosotros mismos. Pensar
primero en nosotros mismos para luego pensar en los otros, entender que directa
o indirectamente somos parte de un todo, y aunque no somos ni seremos jamás
iguales, sí estamos en el mismo “barco”.
Es mejor una enemistad sincera, a una amistad hipócrita.
Este aprendizaje lo obtuve en años pasados, pero hasta ahora
cobró sentido.
Sé que la sinceridad es dura, duele como un camino de rocas,
pero fortalece el desenlace de cualquier empresa, de cualquier proyecto. Reconocer o aclarar un error, un defecto, o un
posible futuro problema es la mejor manera de empezar cualquier cosa. Es mejor
que duela antes, y no durante el camino, o al final de él. Las decepciones
siempre estarán con nosotros, serán naturales, pero no por ello debemos
fomentarlas. Debemos ser sinceros y claros en todo lo que hagamos.
El secreto de la felicidad es la actitud.
La vida pone muchos retos, muchas dificultades, quien mejor
pone cara a ellos suele tener mejor resultados.
Este año tuvimos decepciones, y lo peor, el futuro no depara
nada positivo, el destino parece estar
marcando gran parte del desarrollo de nuestras vidas, sin embargo, sé que, por
experiencia propia y ajena, la mejor
actitud “aliviana” el peso de lo que no se puede controlar. Hay que hacer lo
mejor que se puede con lo que se tiene, y poner el mejor de los rostros a las adversidades, sacar lo positivo de cada
situación, buscar alternativas y nunca, pero nunca olvidar enseñar los dientes.
Quien pueda lidiar mejor
con las decepciones de la vida, con lo
que no puede controlar, está más cerca de le felicidad.
En los deportes se conoce a las personas.
Aunque esto estuvo durante años a mi vista, nunca le puse la
atención merecida.
Cuando ves a una persona practicando un deporte, echándole todas
las ganas, esforzándose por el equipo, por él, por el deporte, por quien sabe qué
cosa secreta, descubres su actitud ante la vida. Es bien fácil imaginar, por
ejemplo en el futbol, a una persona que pelea por un balón casi perdido, como
trabajará y como se desarrollará en situaciones difíciles. Como se comunica con
sus compañeros, y como se esfuerza por animar a sus compañeros. El respeto que
muestra a sus contrincantes habla del respeto que tiene ante la vida, y el respeto
que en última instancia se tiene a sí mismo.
La recepción de críticas es otra cosa que me llama la atención
en los deportistas, sobre todo con los que he compartido; no todos aceptan comentarios
o críticas, ellos, tienen asuntos pendientes de resolver, sus corazones no
están en paz ni armonía. Son ellos quien más necesitan de ayuda y de consejos,
de amistad, pues usualmente quien menos pide ayuda, es quien más la merece.
La actitud con los perros manifiesta la actitud con las mujeres.
[Esta reflexión me la hicieron llegar, y no puedo más que
hacer notar que es brillante].
A menudo, se ve hombres grandes y fuertes, acariciando
cariñosamente a un perro pequeño, o grande, haciéndole esos ruidos que a
algunos nos parecen ofensivos y nocivos.
En ocasiones la persona domina de manera tajante al perro, [o al gato]
demuestra así su actitud ante la vida, y ante la mujer. No por ello se compara axiológicamente
a la mujer con un animal doméstico [sin ofender, bueno, ofendiendo], pero
algunas de las actitudes con un ser complemente opuesto pueden ser muy
semejantes. Además este ejercicio, también lo pueden ver en las mujeres y su
relación con los hombres, (o cualquier cosa que estén tratando de dominar) si
bien, no es exacto en este modo, pues la comparación tiene que ver con el dominio, y sabemos de la dificultad, para
algunos, de dominar a las mujeres. También vemos en las calles a hombres, aparentemente
rudos “dominados” por algún pequeño chihuahua.Si una creencia espiritual es autentica, merece respeto.
Este año vi a una persona “caminar” o acercarse de rodillas a la Basílica de
Guadalupe, con el suelo empedrado de una manera que dificulta el hacerlo de
rodillas [ no sé porque no cambian ese piso si saben que cientos de persona
realizan el ejercicio]. Esta persona lo hacía elevando oraciones y peticiones
sobre la salud de su hija, que llevaba en los brazos.
He visto a personas ser ofendidas en sus creencias, y no
molestarse, ni criticar a las otras
creencias, ni por ser criticados sufrir.
Cuando alguien en realidad cree tener la verdad en su poder,
y si no afecta a nadie, más que a él mismo, no veo porque merece alguna crítica
o porque sea causa de molestia. Convencerle de que está equivocado es
obligación moral, pero no obligación legal [los amorales como yo, solo debemos
ignorarlos]
Sin embargo, si la creencia no es auténtica, si es solo
superficial, por apariencia, merece critica, y es obligación moral criticarle,
no es obligación legal [los amorales como yo, solo debemos burlarnos].
Por otro lado como al principio de conocer a una persona, no sabemos si su creencia es real, autentica, como no sabemos si lo hace por moda, es nuestro deber criticarlo y burlarnos hasta que demuestre que su creencia es real [juzgo suficiente unos 10 días de carro moderado, máximo]
Rara vez conocemos a una persona si no nos conocemos nosotros.
El convivir socialmente involucra muchos y complejos
esfuerzos, que dependen todos de respetar y tolerar al “otro”, conocerlo es
derivación inmediata de esto; pero jamás pondremos atención al “otro”, si no
nos conocemos, hay que hacer introspección, y tratar de aclararnos lo que
creemos ser, y lo que queremos ser.
Al final, tendremos lo que merecemos
Nuestra actitud, acción, apatía, o inacción nos develará
aquello que debemos tener. Si no es como individuos, lo es como sociedad, como
ciudad, como país, si en algo todos no estamos de acuerdo, pero lo permitimos,
no debemos quejarnos, moralmente no podemos, [ni los amorales pueden].
La indignación no existe hasta que nos afecta. No estamos listos para pedir justicia, pues no somos justos.
Este año descubrí muchas cosas en los ámbitos políticos, probablemente
más que en otros años. Descubrí horrores, corrupciones, historias dantescas,
narraciones terroríficas de la mexicanidad.
Nuestro querido país, no está listo para la justicia, para
la felicidad, en parte por nosotros mismos, en parte por cómo nos han “creado”.
Yo abogo siempre a una conciencia colectiva última y perméante, solida, esa
conciencia en la que yo siempre confié me ha decepcionado, es la peor decepción
que tuve este año. El sentido común que creí que teníamos, que habíamos desarrollado,
no existe. Si tan solo fuéramos mas animales y menos mexicanos esto hubiera
tenido un final feliz, pero no es así. Las
causas pueden ser muchas, tenemos muchas herramientas y aparatos de control, que nos afectan, religión, espectáculos,
futbol, música, famosos, muertos de élite, hambre, pobreza, necesidades, desinformación
o información digerida, valores ajenos,
moral fragmentada. Es y no es nuestra
culpa, no estamos listos para la justicia. Como Nietzsche dijo alguna vez sobre
los alemanes, “odio profundamente a los mexicanos, pero estoy orgulloso de ser uno de ellos” he ahí
mi secreta parte del pecado.





