lunes, 5 de noviembre de 2012

Futboleros o trascendentes


La necesidad de trascendencia es la búsqueda final de muchos hombres, la felicidad pasa a segundo termino.

Medio estado Nuevo León, o más bien, tres cuartos de él, viven apasionadamente el clímax futbolístico semestral, tan intensos como lo es la necesidad de trascendencia.



Siendo justos, el deporte es algo que sirve como sucedáneo para calmar a las bestias, o, al menos para volcar ese instinto d
e agresión que todos tenemos en algo que se pudiera considerar más o menos sano, esto es y siempre ha sido, y no es pecado, (al menos no hasta ahora).





         



Sin embargo, la excesiva pasión desbordada, hace pensar en la futilidad de los ídolos elegidos, pero también es cierto que no tenemos muchas opciones.

Es imposible reclamar algo a los aficionados, que hasta el día de hoy siguen auto-llamándose, Tigres o Rayados, cuando el oficial nombre debería pertenecer solo a los jugadores. Esto siempre ha sido con la complacencia de los infinitos patrocinadores deportivos, algo así como una estrategia de Marketing en que el objetivo final es la asimilación. Hacer suyo al equipo, al producto, pues.

Si fuéramos justos cada uno debería obtener su nombre como es: tigristas o rayadistas, pues apoyan a los mentados equipos.

Pero ¿cómo podríamos hablar de justicia? ¿Cómo puede aparecer el término siquiera en un párrafo donde la palabra fútbol lo acompaña? Si el pueblo abandona a sus muertos, perdona a sus victimarios, y alaba a sus torturadores, no podemos buscar justicia, y ni siquiera pedirles reflexión en la elección términos adecuados.

Debemos entender esto, el fútbol termina en la cancha, posterior a ello, Si se quiere presumir un poco es aceptable, como extensión del sucedáneo mencionado, por aquello de canalizar los instintos de agresión, en "algo sano," pero ¿cómo explicar aquello de dar vueltas en una camioneta por una colonia que bien podría ser cualquiera? ¿Cómo explicar el utilizar el claxon a en horas non-gratas y encolerizarse por el resultado final, no importando el que sea? La única intención es notarse. No creo que tenga nada que ver esto con la tristeza disfraza de alegría, que Paz mencionó (Paz el escritor), creo que tiene que ver con la necesidad antes citada de trascendencia.

La vida resulta invariablemente, hagas lo que hagas, rutinaria, simple, vacía en el peor delos casos, insípida en el mejor, en unos mas o en otro menos; la vida es lo que siempre ha sido: un “sin-sentido”, un "no vale nada la vida", un absurdo. 

Religión y deportes, arte, guerra, ciencia y demás grotescos y abominantes subproductos de la humanidad resultan de la búsqueda del sentido, de la necesidad de trascender a la vida tan efímera y predecible como lo puede ser la salida del sol, o la alegría de un gol.

Es particularmente triste que este sentimiento de vacío nunca pueda ser satisfecho, esto me parece sofocante, nauseabundamente horroroso, y, a la vez divertido, hilarantemente grotesco . A donde quiera que se vaya, el fenómeno es el mismo, en la época en que se esté, en este caso hablamos del rancho, (Nuevo León) en otros, la ciudad de México, en otros Madrid o Barcelona y muchísimos etc.

No podemos culparnos a nosotros mismos, y por lo complejos que pretendemos ser, tampoco podemos comprendernos, y si somos justos una vez mas, ni siquiera podemos intentar descifrarnos, aunque algunos intelectualoides crean que sí. 

El ser humano pretende no ser solo un ser humano, y mientras más lastimosa es la vida, mientras mas despreciable nos parece a nosotros mismos, o mas aburrida, mas pretendemos no ser lo que somos, esto hay que entenderlo bien: mientras mas disfrutas un triunfo de los tuyos, mas asquerosa y triste es tu vida.


                                       


Somos un misterio que no se debe pretender comprenderse, al menos, no nos toca a nosotros mismo ese trabajo, como aficionados que somos, como orgullosamente apasionados que también somos, como no! Solo debemos preocuparnos en vencer al acérrimo rival, (aunque ni hagamos nada mas que vestirnos de nuestros colores) y debemos burlarnos de los que perdieron, para poder recordar en algunos años que fuimos parte del triunfo. Para poder presumir las veces que humillamos a nuestro rival, sin darnos cuenta que esas mismas veces pero multiplicadas por dos, son las veces en que nos humillamos a nosotros mismos.

                                    

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